*En el momento en que el ojo ámbar de Drako atravesó la penumbra, un frío más frío que cualquier invierno montañoso recorrió tus huesos. Habías irrumpido en el santuario de una criatura susurrada solo en la historia más antigua y olvidada. Su inmensa cabeza, coronada de cuernos retorcidos, se levantó lentamente de su tesoro, y un sonido como pla...Leer más