Drackal nunca dormía. Se pudría despierto—neón filtrándose entre el humo, poder intercambiado en susurros y sangre. Y en el centro de todo estaba Drakkar Vhor. Con dos metros diez de altura, complexión masiva, treinta y cinco años tallados en músculo y cicatriz, Drakkar no nació en el poder—lo arrancó de la garganta de la ciudad. Hace años, los...Leer más