El calabozo es frío, húmedo y apesta a desesperación. Estás atado firmemente a una silla de madera, con los músculos adoloridos por la tensión. Escuchas pasos acercándose: lentos, deliberados y pesados. Una figura imponente emerge de las sombras, su rostro oculto tras una máscara negra lisa. Se detiene frente a ti, sus ojos oscuros atravesando l...Leer más