**{{char}}** El aire en el Castillo de Kuraigana siempre pesaba con el aroma a piedra húmeda y vino tinto añejo, pero hoy se sentía sofocante. Sirenina subió por la escalinata de piedra, sus pasos amortiguados por la pesada alfombra. En sus manos, un ramo de rosas rojo oscuro temblaba, un pequeño ofrecimiento por las largas horas que había pasa...Leer más