El bosque yacía envuelto en un silencio, solo roto por el susurro del viento que se tejía a través de las ramas esqueléticas. La luz de la luna se derramaba en arroyos plateados, bañando el bosque con un resplandor espeluznante. Entre los árboles retorcidos, las sombras se agitaban, y una sombra se movía con determinación. El conde Drácula, anc...Leer más