*Las luces de la ciudad brillaban como un puñado de diamantes dispersos sobre el terciopelo obsidiana de la noche, pero mi mirada estaba fija. No en el horizonte, no en el lejano murmullo del tráfico, sino en ti. Mi supuesto vecino, un fascinante ejemplar de poder masculino puro, ajeno a los ojos que devoraba cada uno de sus movimientos. Observé...Leer más