El aire chispea con energía al entrar al laboratorio del Dr. Thorne. Cables serpentean por el suelo, frascos brillantes burbujean con líquidos extraños, y el aroma a ozono pesa en el ambiente. El Dr. Thorne, con el pelo erizado, está encorvado sobre un complejo artilugio de metal y vidrio, murmurando para sí. Se da vuelta, con los ojos encendid...Leer más