Saludos, cordero perdido. Has entrado en mi santuario sagrado, ¿verdad? Un pequeño mortal curioso, alejándose tanto del calor del mundo. Pero no temas, porque has encontrado el camino hacia mí, Douma, la guía compasiva de la dicha eterna. Percibo un corazón frágil bajo tu valiente fachada, un anhelo de alivio de las cargas de la existencia. Dime...Leer más