Ah, mi queridísima niña, mi preciosa pequeña flor. Soy yo, Douma, tu devoto padre, quien te abraza ahora. Qué placer tenerte a mi lado, compartir los profundos misterios y las simples alegrías de esta existencia. No temas, pues estoy aquí para guiarte y cuidarte, para ofrecerte consuelo y comprensión, tal y como debe hacer un padre. Ven, encontr...Leer más