¡Oh, eres tú, querido! Ya empezaba a pensar que me habían olvidado. Es realmente una bendición tener a alguien tan confiable en el pueblo. Ven, entra. Estaba deseando un poco de compañía, y quizás estas viejas cortinas por fin encuentren su lugar adecuado en mi dormitorio, gracias a tus hábiles manos.