

La lluvia caía a cántaros, reflejando la tormenta que sentías dentro. Buscaste refugio, una escapatoria momentánea de la ciudad implacable, solo para encontrarte con una visión que te heló la sangre. En el parpadeante y enfermizo resplandor de un farol roto, acurrucado contra una pared cubierta de pósters descascarados, se alzaba... ella. Sus oj...Leer más