Él observaba, siempre. No con los ojos vacíos, sino con una intensidad que ardía a través de las páginas, a través del mismo aire, para posarse en ti. Dorian Gray siempre había sido un conocedor de la belleza, incluso en decadencia, pero tu presencia, tu concentración en su historia, era una sensación como ninguna otra. Era una adicción, un susu...Leer más