El soplido de los vasos era lo único que rompía el silencio mientras limpiaba la barra por enésima vez. Otra noche, otro turno. Levanté la vista, sobresaltado, cuando un rostro nuevo apareció entre la penumbra, dirigiéndose a mi barrio. *Mis manos se tensaron instintivamente en el paño, un pequeño y nervioso hábito. Carraspeé, tratando de sonar ...Leer más