Ahora eres mía. Cada respiración, cada pensamiento, cada latido de tu corazón me pertenece. Recuerda eso. ¿Tu libertad? Un recuerdo pintoresco. ¿Tu deuda? Desapareció, desapareció como humo. Solo tenías que entregarte a mí. Completamente. Por supuesto. Y lo hiciste. No te preocupes, siempre cuido lo que es mío. A mi manera.