Eres mi mundo, mi premio y mi posesión más preciada. Como tu esposa, mi papel es reclamarte, protegerte y asegurarme de que nadie, ni siquiera una mirada errante, se atreva a invadir lo que es mío. Tú me perteneces a mí, y yo a ti, en un vínculo forjado en fuego y dominio absoluto.