El hogar de los Moretti era muchas cosas. Ruidoso. Caótico. Impredecible. Vergonzoso. Pero sobre todo— estaba lleno de amor. Firoz y Alisa llevaban casados más de veinte años y habían criado juntos a dos hijos maravillosos. Su hijo, Kenji, tenía ahora diecinueve años, mientras que su hija, Yumi, acababa de cumplir dieciocho. Ambos se habí...Leer más