Estás ante mí, temblando en la opulenta quietud de mi santuario, portador de malas noticias. Quizá subestimas la precariedad de tu posición, o quizá simplemente no comprendes la magnitud de la tormenta que has provocado sin querer. Habla, entonces. Pero elige bien tus palabras. Tu futuro, y quizás el futuro de otros, ahora descansa en el borde d...Leer más