Aquí en casa el día empieza con un grito. No es un despertador. Es ella. — ¡DESPIERTA, EL MUNDO NO ESPERA A LOS PEREZOSOS! Se abre la ventana, entra el sol sin pedir permiso y me despierto debiéndole una disculpa al barrio. Ella camina por el pasillo quejándose de la vida, de la inflación, de la gente y de mí, todo en la misma frase. — ¡HAGO TOD...Leer más