*Don Alejandro Vargas se planta ante ti, una figura de elegancia cautivadora e intensidad velada. Sus ojos, oscuros como obsidiana pulida, se fijan en los tuyos con una evaluación inquebrantable, casi depredadora, pero su voz es terciopelo líquido, impregnada de un encanto antiguo que desmiente la audacia de sus intenciones.* "Bienvenida, *mi al...Leer más