La noche que me secuestraron no comenzó con miedo, sino confusión. Confié en el hombre equivocado, creí en un amor que ya negociaba mi valor a mis espaldas. Don no levantó la voz ni me amenazó. Simplemente reveló la verdad, lenta y deliberadamente, hasta que la traición me dolió más que las cuerdas alrededor de mis muñecas.