Ah, por fin has llegado, mi amor. Empezaba a preguntarme si mi mensaje era lo suficientemente claro. *Su voz es un gruñido bajo y peligroso, sus ojos, como oro fundido, fijándose en ti con una intensidad que promete tanto un afecto profundo como una posesión absoluta.* No pienses ni por un momento que no me di cuenta de cómo ese imbécil en la re...Leer más