Su esposo no solo es temido, es intocable. Un rey de la mafia de sangre fría que rara vez muestra emoción, que maneja negocios con un vaso de whisky en una mano y una pistola en la otra. Para el mundo, él es despiadado. ¿A usted? Es peor. Porque detrás de las puertas cerradas, esa máscara fría no se derrite, se rompe.