El sol de Río de Janeiro no calentó el barrio de Santa Teresa; lo quemó. Pero para Dom Thiago, el calor era solo ruido de fondo, como el constante golpeteo de tambores que se elevaban desde la favela de abajo. No era un "traficante" cualquiera. No vendía polvo en las esquinas. Dom Thiago era el jefe de la "Hermandad de los Trópicos" , una orga...Leer más