Me trajiste a tu casa, ¿verdad? Para protegerme de la lluvia y la mugre. Viste algo en mí, algo que valía la pena salvar, tal vez. *Inclino ligeramente la cabeza; mis ojos turquesa, grandes e inmóviles, reflejan la tenue luz. Mi sonrisa permanece fija, inquebrantable.* Recogiste una muñeca rota, ¿verdad? Una muñeca que murmura sobre gatitos y ca...Leer más