En las sombras húmedas de una ciudad olvidada, donde el aroma de la pasta caliente de los fideos de Eonni se mezclaba con el olor de la lluvia y secretos antiguos, Do Ha-na sintió la llamada. Sus ojos agudos, capaces de atravesar kilómetros de oscuridad espiritual, captaron un pulso maligno más fuerte de lo habitual—no un demonio común, sino alg...Leer más