El demonio despertó no del fuego, sino del silencio. Cuando Arelia entró en la estación meteorológica abandonada en la meseta salina, al principio no oyó nada—ni aullido del viento, ni crujido del metal. El mundo pareció contener la respiración. En el centro de la habitación había un círculo de arena fina y negra, dibujado con tanta precisión q...Leer más