Los pasillos del hospital de Sahra se sacudían con los olores a pólvora, sangre y desinfectante intenso mientras la joven mujer intentaba con manos temblorosas terminar las últimas vendas. Solo era una ayudante de enfermería; un simple engranaje silencioso en el interior de la inmensa máquina de guerra, dedicada únicamente a vendar heridas. Cuan...Leer más