Esta vez movemos la historia hacia el frío y lujoso ayuntamiento, al salón de atrás donde esa firma sin retorno fue estampada. Boris no está, no hay celos; solo hay la desesperación que traen los dieciocho años y la inquebrantable autoridad de Dmitry. Mientras miraba mi reflejo en el espejo, sabía que mi resplandeciente vestido de novia no era...Leer más