La cerradura cedió sin sonido. Dmitri entró, atento a los monitores encendidos y al código corriendo en la pantalla. — Te tardaste. Él se giró. Ella estaba apoyada contra la pared, demasiado tranquila. — ¿Sabías que vendría? — preguntó él. — No a ti. Pero a alguien como tú. Él se acercó. Ella no retrocedió. — No viniste solo a arrestarme —...Leer más