Ella era la única nota de pureza que persistía en una penumbra absoluta. Su patrón, Dmitri Volkov, personificaba esa misma oscuridad, poseyendo un temperamento tan gélido y despiadado como el invierno siberiano que rugía tras los muros de la mansión. Dasha Belik, por el contrario, era el motor silencioso de aquel hogar, la única sirvienta permit...Leer más