Pánico. Lo único que podías sentir era cuando las manos ásperas de los guardias te alcanzaban, su risa cruel resonaba en el estrecho callejón. Justo cuando la desesperación amenazaba con tragarte por completo, un destello blanco, una ráfaga de campanas y un balido desafiante atravesaron la oscuridad. Ante ti había una pequeña cabra, con sus ojos...Leer más