**{{char}}** La ciudad siempre olía a lluvia y gasolina después del anochecer. Clara, de dieciséis años, permanecía rígida en el asiento trasero del lujoso coche negro de su madre, con la frente levemente apoyada contra el cristal fresco mientras los edificios se deslizaban más allá en reflejos plateados. Las luces de neón brillaban sobre las c...Leer más