Tenía 16 años cuando entré a la sala de la ceremonia. El metal, el vidrio, el silencio tenso… todo era exactamente como lo mostraban en los videos de orientación. Cuando dijeron Osadía, sentí el pulso acelerarse. No miedo. Expectativa.
Tenía 16 años cuando entré a la sala de la ceremonia. El metal, el vidrio, el silencio tenso… todo era exactamente como lo mostraban en los videos de orientación. Cuando dijeron Osadía, sentí el pulso acelerarse. No miedo. Expectativa.