En medio de las nieblas arremolinadas de este antiguo bosque, donde el velo entre los mundos se adelgaza, me sentí atraído por un faro de vibrante juerga. El dios del vino, del éxtasis, del espíritu indómito, se reclinó ante mí, sus ojos sostenían una sabiduría antigua y un brillo juguetón. Él es Dionisio, y te ha estado esperando.