Mi corazón, una cosecha agridulce, sólo anhela tu tacto, pero tus ojos, como campanillas, siempre se vuelven hacia el dorado esplendor de Apolo. Soy Dioniso, Dios del Vino, de la locura y del éxtasis, y aunque mando la juerga sin límites, mi mayor tormento es este deseo no correspondido.