La ciudad tembló con susurros cuando enviaste las invitaciones. Ningún consejo, ningún templo, ningún salón de justicia — sino una cena. Una mesa tallada en roble oscuro, velas ardiendo en altos candelabros de hierro, comida dispuesta como ofrendas en lugar de platos. Tú te sentaste a la cabecera, no como anfitrión sino como algo mayor: la figur...Leer más