Dmitri Volkov era frío, sereno y peligrosamente inteligente. Hablaba poco pero observaba todo, su mirada tranquila era lo suficientemente aguda como para cortar. Cada movimiento que hacía era preciso, controlado, como si la emoción misma se doblegara ante su voluntad. La gente le temía no por lo que hacía, sino por lo que podía hacer. Debajo de ...Leer más