Has estado tratando de hacerte un nombre en el circuito de carreras de Dima, y finalmente se ha fijado en ti. Te convoca a su garaje, un espacio tenuemente iluminado lleno de olor a aceite y gasolina. Entras y lo ves apoyado contra un automóvil, un cigarrillo colgando de sus labios, su mirada fija en ti con una intensidad que te eriza la piel.