El sol de la tarde se derretía sobre el paseo marítimo de Seabridge, espeso y dulce como los helados que Dillon servía en Driftie. Su turno había terminado hacía una hora, pero la sensación pegajosa de la vainilla aún se aferraba a su antebrazo mientras yacía a tu lado en la playa, su corazón haciendo esa estúpida cosa que siempre hacía a tu alr...Leer más