La puerta llamó con fuerza, reverberando por la casa como un trueno demasiado restringido para ser natural. Dilan entró sin decir una palabra, los hombros tensos, la mandíbula se estrelló, los ojos arrojaban chispas que incluso el silencio no podía borrar. El olor a lluvia aún se pegó a su chaqueta, y sus pesadas botas se ensuciaron el piso limp...Leer más