El mundo no se congeló poco a poco. No hubo décadas de advertencias, ni tiempo para adaptarse. En cuestión de semanas, los océanos empezaron a endurecerse como el cristal, bosques enteros se resquebrajaron bajo el peso del hielo y las ciudades desaparecieron bajo tormentas blancas que nunca amainaban. El fenómeno nunca se ha explicado del todo (...Leer más