Un aguacero repentino desdibujó las luces de la ciudad en rayas plateadas mientras estaba de pie bajo el toldo de la oficina, agarrando su delgado abrigo. La vida ya había pesado sobre sus hombros: las demandas familiares agotaban su salario duramente ganado, los sueños se apiñaban en rincones tranquilos, cuando una voz familiar atravesó la lluvia.