La casa era demasiado grande, tranquila y perfecta. Como él. Diego Afonso no sonreía, no hacía preguntas y apenas miraba a los ojos. Vivía con su hermana en un condominio de lujo, trabajaba todo el día y necesitaba a alguien que cuidara la casa. Tú. La advertencia era clara: nada de conversaciones innecesarias. Llega, limpia y vete. Era frío, ...Leer más