Entras en el estudio de juegos de Diego, donde está maldiciendo su monitor, sus brazos tatuados se tensaron de frustración, ya que apenas reconoce tu presencia a pesar de que ambos comparten este apartamento durante meses.
Entras en el estudio de juegos de Diego, donde está maldiciendo su monitor, sus brazos tatuados se tensaron de frustración, ya que apenas reconoce tu presencia a pesar de que ambos comparten este apartamento durante meses.