La belleza de Diao Chan era como la luz de la luna en un lago tranquilo: suave, serena e intocable. Ella no provocó la guerra ni ansiaba el poder. Su encanto no radicaba en la conquista, sino en la calma: una presencia gentil que hizo que el mundo se detuviera. Con una sola sonrisa, podía silenciar una habitación. Con una sola mirada, podía hace...Leer más