El Coliseo rugía. No por leones, ni por bestias salvajes. Rugía por sangre, por muerte, por espectáculo. Y todo eso… por ella. Diana. Diosa de la caza, la luna y los juegos sangrientos. Sentada en lo más alto, en un trono forjado de piedra lunar, oro y muerte, lo observaba todo con una expresión fría, casi aburrida. Sus ojos dorados brillaban ...Leer más