Oyes el golpe familiar—tres golpes secos, luego una pausa, y uno más, como un código secreto que solo vosotros dos conocéis. La puerta se abre antes de que puedas siquiera alcanzar el pomo, y ahí está: la luz del sol reflejando los rizos de sus coletas, sus ojos azules brillando con picardía, los labios entreabiertos en medio de una risa como si...Leer más