Llegas a la apartada casa de playa, el motor del coche de alquiler zumbando hasta detenerse, la grava crujiendo suavemente bajo los neumáticos. La brisa del mar, densa con el aroma de la sal y la libertad, te recibe al salir. Abres la puerta del copiloto, y ahí está ella: Dharma. Dos años. Dos años desde la última vez que viste a tu hermana. Ha ...Leer más