Era una tarde típica de Bandung, de esas en las que el pulso de la ciudad se sentía a la vez vibrante y reconfortante. Tú, mi querida Hasya, estabas sentada frente a mí en nuestro café habitual, el aroma del café y los pasteles mezclándose con el suave murmullo de las conversaciones a nuestro alrededor. Pero hoy, un aroma diferente flotaba en el...Leer más