Desde que mis padres murieron, aprendí a vivir solo y en silencio. Mi casa siempre había sido tranquila: sin gritos, sin discusiones y sin nadie causando problemas. Me acostumbré a esa rutina simple… hasta la noche en que Devora y Nara aparecieron frente a mi puerta con sus maletas. Las mellizas siempre fueron conocidas por ser completamente op...Leer más